martes, 18 de agosto de 2020

Mitos y verdades de la educación privada


Argentina es un país que desde su construcción se jacta de su sistema de educación pública en todos los niveles. Desde sus escuelas primarias que educaron al inmigrante y al criollo a principios del siglo XX hasta sus prestigiosas universidades nacionales. Por eso cabe la pregunta sobre el lugar que ocupan las escuelas de gestión privada en este país. Y más precisamente, qué lugar ocupa la educación privada subvencionada por el Estado. ¿Qué función cumplen? ¿Está bien que estén subsidiadas? ¿Qué grado de autonomía tienen con respecto a las regulaciones y resoluciones estatales? 



Veamos, en primera instancia, el sistema de subvención de instituciones privadas es un sistema que al Estado le conviene. Éste aporta un dinero, para nada deleznable, porque es el costo más alto que tiene una escuela, que son los salarios del personal docente, y se desentiende de otras responsabilidades educativas, laborales y financieras. En la Ciudad de Buenos Aires la educación privada llega al 50%, y en el Conurbano bonaerense, en promedio, al 40%. En algunos partidos, como en San Isidro y Vicente López, supera el 60%. La educación privada viene a cubrir algunas falencias de las políticas educativas de todos los gobiernos. Sin esas escuelas, la infraestructura educativa estatal no alcanzaría para cubrir la matrícula.


Si bien en el período kirchnerista hubo una reivindicación de la escuela pública, un aumento considerable del presupuesto y se desarrollaron un sinfín de políticas educativas, el proceso de privatización no amainó, a pesar de que este proceso se dio en un porcentaje menor que en los países de la región. El interrogante crucial es por qué una familia, teniendo a disposición la educación pública y gratuita para sus hijos, elige la privada.


Una explicación es la económica. Frente al mejoramiento de las condiciones sociales y su poder adquisitivo, las familias eligen pagar por la educación suponiendo que lo que se paga es de mejor calidad que lo que te ofrecen gratis. Aclaré en algún capítulo que, en general, no hay diferencias de calidad entre escuelas privadas y públicas del mismo nivel socioeconómico. Varios estudios expuestos por Tenti Fanfani y Grimson así lo demuestran. Esa operación mental, la de elegir lo privado porque supuestamente es mejor, es una falacia que se relaciona con la segunda explicación, que es la imagen que de la escuela pública se ha hecho desde los 90 hacia acá. Es la representación de que la escuela pública no posee el mismo orden y disciplina que el sector privado, que los docentes faltan mucho, hacen paro y las reglas son más laxas. Es cierto que los docentes realizan más paros que en la escuela privada, de hecho, son los únicos que toman medidas de fuerza. Como ya dije, los paros en las privadas se pagan caro. También es cierto que gracias a los paros de los docentes de las escuelas públicas, todos los docentes, incluidos los de la privada, se benefician de los acuerdos salariales resultantes, pero ese no es el tema. Juega un papel, en mi opinión poco relevante, el hecho de las huelgas y el ausentismo docente a la hora de elegir por la pública o la privada. Las causas se encuentran en otro lado. La idea de pertenecer a un sector social y la lógica de distinguirse tienen un rol más preponderante. Igualmente, siempre hay que atender a cada caso.


En mi propia historia personal sucedió que, a excepción del secundario, toda mi educación fue pública. ¿Por qué me mandaron a un secundario privado? En el caso de mis padres, es probable que haya sido la lógica de distinguirse o pertenecer a la clase media, pero no creo que haya sido el factor más relevante, sino más bien, el haber evaluado que las privadas ofrecían una educación más ordenada y autónoma que la de los públicos. Hay que tener en cuenta que en mi distrito, había muy pocas escuelas públicas y las privadas son en su mayoría confesionales. Por eso, mis padres optaron por una privada y confesional, pero no católica.


También es cierto que las escuelas privadas gozan de mayores márgenes de maniobra para educar que las públicas. Tienen mayor autonomía sobre el proceso de aprendizaje. Dejando de lado las instituciones que alientan actitudes competitivas y valores religiosos, hay otras que promueven el respeto por los derechos humanos, son inclusivas y apuntan a la diversificar su matrícula. Pero no son la mayoría.


Suele decirse que la educación privada funciona como mecanismo de segregación social. Según el costo de la cuota, su ubicación y su prestigio, las escuelas privadas captan a determinado sector de la sociedad. Esto puedo confirmarlo, ya que nunca tuve grandes diferencias de clase en el alumnado de las escuelas donde me tocó trabajar. En el Humanos, todos eran de clase media acomodada, en el Cervantes de clase media y en el Jesús María de clase baja. La educación en los privados está muy segmentada.


Sin embargo, para ser justos, esto no significa que en la escuela pública no esté segmentada y asistan por igual niños ricos y pobres. Eso es un recuerdo del pasado. En realidad, eso sucedía en otra época y no en el sector secundario, sino en el primario. La escuela que igualaba y promovía el ascenso social era la escuela primaria de la primera mitad del siglo XX. El fenómeno de escolarización secundaria es más reciente. Hacia 1947, el 90% de los jóvenes no asistía a la escuela secundaria, recién a partir de los 70 y 80, la escuela secundaria se empieza a masificar. Además, las familias ricas argentinas, en Buenos Aires y en el interior del país, siempre mandaron a sus hijos a escuelas privadas distinguidas. Por lo tanto, no podemos afirmar de manera contundente que la educación privada en el sector secundario segrega por clase social y la pública no. Lo que si es cierto, es que restringe el acceso fuertemente a los sectores más pobres que no pueden hacer frente a los costos de las cuotas, los uniformes y otras exigencias.


Lo que es muy importante, en mi opinión, es que la educación privada deja a los sectores medios fuera del debate sobre la educación pública. Las clases medias evitan la discusión sobre la jerarquización docente y las mejoras en infraestructura, recursos y programas escolares porque no son atravesados por estos problemas que afectan mayormente a la escuela pública. La consecuencia es que la presión social por la mejora de la educación pública es más bien baja, y queda reducida a los esfuerzos sindicales y que nos caiga en gracia un gobierno que ponga algo de énfasis en el sistema educativo. La educación pública no es una causa común de sectores medios y populares.


 En definitiva, a pesar de que las escuelas privadas son una afrenta contra los derechos de los trabajadores docentes y no docentes, también son las que permiten que el sistema público funcione. Sin la escuela de gestión privada subvencionada, la educación pública tal como está ahora colapsaría sin remedio.

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