Pasan las épocas y cambian las costumbres, las viejas instituciones se transforman o desaparecen, pero la escuela permanece intacta, inmutable, inconmovible y parece que estará aquí como estuvo antes, para siempre. El pizarrón y la tiza, con los cuales dictaba clases Sarmiento, todavía hoy se resisten a ser reemplazados por la pizarra digital o el marcador al agua. Las tecnologías de la información y los medios digitales amenazan con desplazarla como fuente de toda verdad y conocimiento y con demoler su viejo edificio de ladrillo y cemento en pos de una educación virtual, más laxa y menos disciplinaria. Como escribió un amigo: nadie la juzga y todos la reivindican como la solución a la pobreza, la desigualdad y la decadencia de los valores,
A pesar de su aparente permanencia invariable, los roles de la escuela se han ampliado desde sus comienzos hasta nuestros días. Hoy es una institución multifuncional. A finales del siglo XIX, educaba al soberano, disciplinaba al nativo y al inmigrante difundiendo la argentinidad en clave asimilacionista y homogeneizadora. La educación pública alfabetizó y dispersó identidad nacional en todos los rincones del territorio y su éxito, sin dudas, fue contundente. En la actualidad, en la vida moderna, donde nadie sabe qué hacer con sus hijos, los clubes barriales desaparecen y la calle ya no es lo que era, la escuela parece ser la solución, como depositaria y contenedora de esos niños indefensos de quienes ya nadie sabe o puede ocuparse. Por eso la escuela está en crisis y lo está desde hace mucho tiempo. Como todo lo instituido, una vez que se instala, tiende a la reproducción y a aislarse del contexto en que actúa. Es cierto que, con el tiempo, la escuela tiende a hacer mejor las cosas, pero no se la puede hacer responsable de no cumplir con todas las expectativas que la sociedad deposita en ellas.
Es notable como en otra época, el docente egresado de la escuela normal, con una formación no muy amplia y casi nulo conocimiento de las corrientes didácticas y pedagógicas contemporáneas, haya sido un referente del conocimiento y la disciplina escolar, mientras que hoy, miles de egresados de institutos de formación, profesorados y universidades, versados en las más aggiornadas estrategias didácticas y un conocimiento más riguroso, estamos dedicados a dar amor y contención más que a instruir en los conocimientos de nuestra disciplina. Ni hablar de ser una figura de autoridad o de prestigio.
El docente que antes representaba la autoridad e impartía conocimientos ahora es un sujeto dedicado a brindar contención a un grupo de niños desamparados, con padres que están afuera todo el día, en el trabajo, en espacios de ocio o con su otra familia. La sociedad cambió, la familia cambió, el adulto responsable cambió, la escuela permanece ahí, aguanta.
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